Transformar

¡Siempre será un misterio!. Como un gusano verde, que se va envolviendo en una fina seda, puede llegar a transformarse en una hermosa mariposa. Es un cambio tan increíble que no deja de causarnos admiración. Ese proceso de cambio se le conoce como metamorfosis.

Ese proceso tiene un atractivo para mí muy profundo. Una vez tuve una crisálida pegada a una débil rama, metida en un frasco transparente. Por varios días estuve pendiente porque quería ver la evidencia del milagro de un gusano hecho mariposa. No pude verla salir del capullo. Una mañana me levante, y cuando mire el frasco, había un capullo vacío y pegada al cristal una mariposa que movía lentamente sus alas. No lo presencié, pero el milagro había ocurrido.

Por muchos años ha sido para mi un motivo de admiración el cambio profundo de las vidas. He visto vidas sumidas en las mas denigrantes de las condiciones de vicio, rechazo, resentimientos y maldad; y de pronto, he visto el milagro del cambio. Los rostros sonríen, ahora aborrecen su pasado de vergüenza y ahora sueñan con una nueva vida. Es una metamorfosis.

Saber que las metamorfosis son posibles en el interior de las personas es algo que nos debe alentar gratamente. Aunque vivimos la lucha de sentirnos inconformes con las debilidades que nos agobian; los defectos que queremos abandonar pero se adhiere a nuestro carácter; las emociones con las cuales reaccionamos para luego avergonzarnos. Podemos decir: «Es dificil cambiar»; pero como el gusano de la crisálida, el cambio es posible desde adentro.

Cada uno de nosotros debemos anhelar ese cambio para nuestra vida. Es más, debemos vivir en constante cambio buscando ser mejores por alcanzar la excelencia, y así, poder servir mejor a quienes nos rodean. La vida adquiere un valor de grandes dimensiones y satisfacciones cuando nos vemos creciendo y mejorando cada día. Se descubre lo valiosa que puede ser la vida y de cuanto se puede disfrutar de ella.

Ser transformados es un proceso. Implica ir en busca del origen de lo malo, no fuera de nosotros, sino dentro de nosotros. Allá en lo profundo del corazón donde habitan los pensamientos, las emociones y los diálogos internos se esconden las razones por las cuales somos lo que somos y hacemos lo que hacemos.

La oración del rey David es el inicio de una metamorfosis en cualquier corazón. Pedía un corazón limpio y una renovación de espíritu. Solo el Espíritu puede ir a lo más hondo de mi espíritu y realizar el milagro de la metamorfosis de mi interior, y por lo tanto, de toda mi vida.

La metamorfosis de una vida comienza cuando somos conscientes del vacío de la existencia, cuando nada nos llena y cuando, aun que se tiene, se vive sin un propósito trascendente. No nos sentimos bien con lo logrado, creemos que podemos hacer algo mejor, pero las debilidades de mi interior me lo impiden.

Es el momento de hacer un alto, reflexionar para aceptar que mi interior no es bueno. Es reconocer que por si mismo no es posible un cambio desde adentro por sí solo. Ser honestos para reconocer que puedo podar pero no transformar la esencia de lo que soy.

Cuando llegamos a ese punto sabemos que solo la vida que buscamos la podemos encontrar en Dios, y a Dios debemos volvernos. Dios es la resurrección, y El puede resucitar el potencial que esta muerto dentro de mí y darle una nueva vida a mi ser interior.

Me alegra saber que dentro de mis convicciones está el que es posible el cambio de una vida para bien. Se puede empezar en la peor de las condiciones, pero no necesariamente, se debe permanecer en ella. Lo grandioso de la fe esta en el hecho de poder creer que con la ayuda de Dios tu y yo podemos seguir cambiando.

Porque cuando yo cambio, el mundo esta cambiando.

César Fajardo.

Conectado Soy Más…

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ColdPlay estuvo de visita en mi ciudad. En una rueda de prensa un periodista preguntó a los integrantes de la banda si se veían en el futuro actuando por separado. Uno de los integrantes-Chris Martin- respondió que cada uno de los integrantes de la banda no se caracterizaban por su gran talento musical, más bien, dijo, la fortaleza  de la banda radica en la manera en que se complementaba entre ellos. En otras palabras, el estar  conectados entre ellos era la razón de su fortaleza. «Por eso no nos vemos actuado solos por ahí».

 

Entender este principio es esencial para tener una vida fructífera. El principio de que somos más dependiendo con quien nos estamos conectando es vital. Las conexiones con personas nos hacen mas o les restan fuerza a nuestra vida.

La mayoría de personas invierten gran cantidad de su tiempo y de esfuerzo para estar conectados a la mayor cantidad de personas. Las redes sociales son un ejemplo de esto, pensamos que una persona es mas valiosa por la cantidad de seguidores en su red social; pero seguidores no implican en verdad conexiones con la fuerza para enriquecer nuestra vida.

¿Con quien estoy conectado influye en mi vida? ¿Le agrega o le resta valor el tipo de personas con quien me conecto? Mi respuesta personal es que sí, sin duda influye y nos afectan positiva o negativamente.

Hay relaciones con las cuales podemos llenarnos de ansiedad, nos generan sentimientos de temor o inseguridad, algunas nos hacen ver lo malo como bueno y lo malo como bueno; todo esto por un simple hecho, somos influenciables.

Las hay con una poder para hacernos bien. Nos animan, nos desafían a ser mejores, nos abren la mente a nuevas posibilidades, nos ayudan a encontrar el potencial existente en nuestro interior. Esa conexiones hacer fluir hacia nuestro corazón vida y esperanza.

Con esto podemos concluir que las conexiones tienen una gran repercusión en nuestra vida y futuro. Sí eso es así, estamos en la responsabilidad de elegir con quien me conecto, porque estoy escogiendo como me voy a sentir, que voy a aprender y quien va a ser la influencia mas relevante en mi vida. Sí de todos modos voy a recibir influencia, porque no escoger conectarme con quien influya en mí de manera que traiga vida y no muerte.

La necesidad de amor, de motivación, de aceptación y soporte son anhelos de nuestro hombre interior. Por eso nos conectamos con otros, buscando hallar respuesta a esas necesidades. No creo que los hombres puedan suplir esa necesidad a plenitud en ninguno de nosotros. ¿La razón? Ellos mismo tienen las mismas carencias, los mismos vacíos. Nadie puede dar de lo que no tiene. Entonces, todos somos necesitados de conectarnos con alguien desde el cual pueda fluir hacia nuestra vida todo aquello que el alma necesita.

Por eso el maestro de maestros, Jesús, dijo: «Separados de mí nada pueden hacer». Porque Jesús aparte de maestro es Dios. Como Dios es la fuente inagotable de todo el bien que como seres humanos estamos deseando. El es quien puede hacer del desierto de nuestro corazón una fuente de fortaleza y restauración.

Una persona sin una conexión espiritual esta muerta espiritualmente. Eso implica vivir lo natural con la ausencia absoluta de lo espiritual. Es perderse de la riqueza del Dios todo poderoso. Eso es vivir a menos de la mitad del potencial que poseemos. Cuando restablecemos la conexión con quien nos creó vamos a despertar esa parte adormecida de lo espiritual existente en nuestro interior.

He vivido en los dos lados. He vivido sin Dios y eso es vivir en función de mi yo, de mi ego. Es carecer de afecto por otros, es vivir sin apreciar el potencial con el cual fui creado. Es estar de manera constante o lleno de temores o lleno de orgullo; y es ir de un extremo al otro como un péndulo y en ninguno de esos estados hallar paz y la tan anhelada realización.

Conectarme con Dios por medio de una relación personal con Jesús generó un cambio en mi vida. Fue descubrir en realidad quien soy. No estoy aquí para vivir el placer del momento, no estoy solo para alimentar mi ego. Es encontrar sentido, propósito para mi vida. Es ver el futuro con el deseo de cumplir la misión para la cual he sido creado. Es poder decir, estoy aquí y ya sé para que sirvo. Eso lo hace sentir a uno valioso, útil y apreciado.

Conozco personas muy fuerte. Son muy capaces. No es ese mi caso. Por el contrario, soy muy consciente de mis debilidades, me agobia pensar cuantas cosas me hace falta para poder ser todo lo que quiero ser. Por eso mi necesidad de conectarme con Dios es vital para mi vida. Si no soy tan inteligente, no saben cuanto bien me hacer conectarme a quien todo lo sabe; estar lleno de inseguridad hace inexplicable como he podido enfrentar tantos reto a lo largo de mi vida; y mi respuesta es: he necesitado estar conectado a quien me da la valentía. Hoy miro hacia atrás y solo puedo ver mis debilidades siendo reemplazadas por el amor y el poder de Jesucristo. Sin él nada de lo hecho pudo haber sido.

Comparto esto contigo para animarte, si eres alguien fuerte y lleno de confianza, que puedas reconocer que toda tu fuerza tiene origen en quien te creó, eso es Dios. Así hoy puedas tener un corazón agradecido con él y avives esa relación con Jesús. Vas a poder recibir mucho más de él.

Lo comparto también para alentar a quien, como en mi caso, no posee tanta fuerza y capacidad, sino de continuo persiste un sentimiento de cuanto te hace falta para lograr tus sueños. Es tratar moverte, aunque sea un poquito en dirección  a quien es la fuente de todo aquello que te pueda estar haciendo falta, esa persona es Jesús. Una vez te conectes con él podrás recibir inagotables riquezas en tu ser interior para llenarte fuerza y valor para seguir en pos de aquello preparado para ti.

Digo esto porque hay plena convicción en mi corazón de que fuimos creados para andar de continuo conectados con la presencia del Padre de amor y poder. Cuando así lo hacemos nuestra vida adquiere una dimensiones inexplicables de fuerza espiritual y de paz interior. Podemos experimentar el verdadero amor. Dios es amor.

El medio por el cual nos podemos conectar con Dios es Cristo. Su hijo hecho hombre, el cual vino y murió por nosotros en la cruz para poder reconciliarnos con el Padre. Cristo no vino solo a salvarte y liberarte, no vino solo a perdonarte y limpiarte. Hizo todo esto para lograr algo mayor: reconciliarnos eternamente con Dios. Aquí reconciliación es volver a conectarnos con Dios, tal como fue al principio de la creación del hombre, cuando el hombre andaba por allá en el huerto del Edén y hablaba cara a cara con Dios.

Quiera Dios ayudarnos para que en este espacio podamos tú y yo crecer en esa capacidad de conectarnos mas íntimamente con el Dios de toda bendición. Yo puedo ayudarte compartiendo mi experiencia y conocimiento. Me va enriquecer que tú compartas conmigo como ha sido esa relación con Dios. Así lograremos que muchos más estén conectados con el Dios de la vida; y esa vida fluya a muchos otros.

César Fajardo.

Sin Muros habitaremos…

 

 

                                            El Sueño de Habitar sin Muros

Un atardecer en un tiempo de familia

Dar el primer paso en dirección a lo que se quiere y se sueña, es lo que marca la diferencia entre un simple deseo y una visión. Dar el primer paso es la muestra que se ha tomado una decisión de hacer realidad el sueño; hemos dejado de imaginar para empezar a materializarlo.

He soñado con llegar a más personas para poder darles un mensaje con el cual pueda animarles a ir más allá de lo que son ahora y sean todo lo que pueden ser. Esto sólo sería un deseo si no doy este primer paso de escribir este mensaje y el mensaje es sencillo: debemos habitar Sin Muros.

Cuando se crece en un ambiente donde no se reconoce los talentos sino que hay énfasis en los defectos, te va a costar creer en ti mismo, en tus propias capacidades; por el contrario se refuerzan los miedos y las inseguridades. Ese tipo de sentimiento se arraiga de tal manera en la vida de una persona hasta volverse algo tan natural, que muchas personas creen sencillamente en eso de «yo soy así», llevando a cuestas de manera constante la carga que les impide correr por la vida con mayor libertad, pero sobre todo poder hacer el recorrido de la vida con gozo.

Para mí, eso son muros construidos en la mente por el entorno en el cual fuimos educados, por las experiencias negativas por las cuales hemos pasado. Experiencias algo traumáticas vividas en nuestros hogares, recuerdos dolorosos de los años de formación en el colegio, por experiencias sentimentales o de relaciones no saludables de ciertos amigos; y la lista puede ser interminable, pero la realidad es que llevamos muros de miedo, dolor, autoestima baja en el corazón.

Esos muros son el encierro por los cuales el potencial que está dentro de nosotros no se manifiesta, y esos muros nos impiden ser todo lo que podemos ser. Se levantan en nuestro interior cuando anhelamos hacer realidad un sueño, se hace gigantes cuando se abre la puerta de la oportunidad para decirnos «usted por aquí no pasa» llenando la mente de miles de razones por las cuales no somos dignos de aspirar a algo mejor. 

En eso puedo resumir lo que ha sido mi propia experiencia. Por eso surgió en mi corazón ese reto de mirar como derribar los muros del pasado que avergüenza y poder encontrar la forma de liberar el potencial, no sólo de mi propia vida, sino también, el de las personas que me rodeaban y con las cuales he compartido.

Un texto encontrado en la Biblia fue la luz para empezar a explorar esas nuevas posibilidades: «Sin muros habitará…»Fue el mensaje de esperanza y el reto de no sólo salir de los muros interiores sino también de derribarlos, en mi vida y la vida de otros. Creo, no somos pocos, sino muchos con la misma condición interior. ¿O no?

La reflexión de esa frase, la cual quiero ir compartiendo con ustedes de aquí en adelante, es que derribar los muros te lleva a la libertad de poder conectarte consigo mismo, con los demás y con Dios mismo. Los muros siempre se hacen con la intención de aislar, de marginar a las personas del resto. Cuando los muros se derriban las relaciones son restauradas, y eso es justamente, lo grandioso de habitar sin muros.

Una relación restauradora es aquella que establecemos con Dios. Dios es amor, y cuando el hombre se restaura con el amor, es imposibles describir el impacto que esto puede ocasionar en la vida de cualquier persona. La idea de un dios impersonal, o la de un dios autoritario, o la de un dios indiferente, o la idea de la no existencia de Dios, genera un vacío profundo en el alma del ser humano. Cuando logramos derribar las ideas equivocadas y prejuiciadas de Dios y nos acercamos con el concepto de un Dios bondadoso y que nos ama, esto puede convertirse en una relación transformadora.

Esa es mi convicción. Sí una persona se reconcilia con Dios y consigo misma, va a poder lograr cambiar su interior, su corazón; y cambiando el corazón va a transformar todo su entorno. ¡Como se necesita que se nos ayude a cambiar! Yo quiero cambiar, ser mejor, ser útil, saber cómo vivir con sabiduría. Esa es la súplica de muchos. Y de eso quiero compartir, no sólo de cómo mi vida fue transformada sino como usted puede transformar a la suya. Para eso no hay pases mágicos, solo hay que hacer un viajes y pretendo,  en lo posible y desde mis experiencias, ayudar un poco.

Una vida conectada con la fuente de la vida es una vida en constante transformación, y tarde o temprano, será una vida de influencia. Y así como la influencia de alguien marco tu vida, ahora derribando los muros por medio de una relación con Dios se logrará transformar nuestra propia vida, y si logramos transformar nuestra propia vida, sin duda alguna seremos influencia para la restauración de la vida de muchos; así aportando cada uno un poco podemos soñar con un mundo mejor.

Me Enfocaré en hablar de tres aspectos. Uno es conectarse con Dios, es decir establecer una relación con Dios. Lo segundo es transformar, compartiendo aspectos de cómo crecer como personas y por último de influencia, que para mí es liderazgo de servicio. 

Vamos a ver cómo nos va con este intento de aportar a cada persona en estos aspectos. Cuento con su ayuda y sus sugerencias.

César Fajardo.