Dar el primer paso en dirección a lo que se quiere y se sueña, es lo que marca la diferencia entre un simple deseo y una visión. Dar el primer paso es la muestra que se ha tomado una decisión de hacer realidad el sueño; hemos dejado de imaginar para empezar a materializarlo.
He soñado con llegar a más personas para poder darles un mensaje con el cual pueda animarles a ir más allá de lo que son ahora y sean todo lo que pueden ser. Esto sólo sería un deseo si no doy este primer paso de escribir este mensaje y el mensaje es sencillo: debemos habitar Sin Muros.
Cuando se crece en un ambiente donde no se reconoce los talentos sino que hay énfasis en los defectos, te va a costar creer en ti mismo, en tus propias capacidades; por el contrario se refuerzan los miedos y las inseguridades. Ese tipo de sentimiento se arraiga de tal manera en la vida de una persona hasta volverse algo tan natural, que muchas personas creen sencillamente en eso de «yo soy así», llevando a cuestas de manera constante la carga que les impide correr por la vida con mayor libertad, pero sobre todo poder hacer el recorrido de la vida con gozo.
Para mí, eso son muros construidos en la mente por el entorno en el cual fuimos educados, por las experiencias negativas por las cuales hemos pasado. Experiencias algo traumáticas vividas en nuestros hogares, recuerdos dolorosos de los años de formación en el colegio, por experiencias sentimentales o de relaciones no saludables de ciertos amigos; y la lista puede ser interminable, pero la realidad es que llevamos muros de miedo, dolor, autoestima baja en el corazón.
Esos muros son el encierro por los cuales el potencial que está dentro de nosotros no se manifiesta, y esos muros nos impiden ser todo lo que podemos ser. Se levantan en nuestro interior cuando anhelamos hacer realidad un sueño, se hace gigantes cuando se abre la puerta de la oportunidad para decirnos «usted por aquí no pasa» llenando la mente de miles de razones por las cuales no somos dignos de aspirar a algo mejor.
En eso puedo resumir lo que ha sido mi propia experiencia. Por eso surgió en mi corazón ese reto de mirar como derribar los muros del pasado que avergüenza y poder encontrar la forma de liberar el potencial, no sólo de mi propia vida, sino también, el de las personas que me rodeaban y con las cuales he compartido.
Un texto encontrado en la Biblia fue la luz para empezar a explorar esas nuevas posibilidades: «Sin muros habitará…»Fue el mensaje de esperanza y el reto de no sólo salir de los muros interiores sino también de derribarlos, en mi vida y la vida de otros. Creo, no somos pocos, sino muchos con la misma condición interior. ¿O no?
La reflexión de esa frase, la cual quiero ir compartiendo con ustedes de aquí en adelante, es que derribar los muros te lleva a la libertad de poder conectarte consigo mismo, con los demás y con Dios mismo. Los muros siempre se hacen con la intención de aislar, de marginar a las personas del resto. Cuando los muros se derriban las relaciones son restauradas, y eso es justamente, lo grandioso de habitar sin muros.
Una relación restauradora es aquella que establecemos con Dios. Dios es amor, y cuando el hombre se restaura con el amor, es imposibles describir el impacto que esto puede ocasionar en la vida de cualquier persona. La idea de un dios impersonal, o la de un dios autoritario, o la de un dios indiferente, o la idea de la no existencia de Dios, genera un vacío profundo en el alma del ser humano. Cuando logramos derribar las ideas equivocadas y prejuiciadas de Dios y nos acercamos con el concepto de un Dios bondadoso y que nos ama, esto puede convertirse en una relación transformadora.
Esa es mi convicción. Sí una persona se reconcilia con Dios y consigo misma, va a poder lograr cambiar su interior, su corazón; y cambiando el corazón va a transformar todo su entorno. ¡Como se necesita que se nos ayude a cambiar! Yo quiero cambiar, ser mejor, ser útil, saber cómo vivir con sabiduría. Esa es la súplica de muchos. Y de eso quiero compartir, no sólo de cómo mi vida fue transformada sino como usted puede transformar a la suya. Para eso no hay pases mágicos, solo hay que hacer un viajes y pretendo, en lo posible y desde mis experiencias, ayudar un poco.
Una vida conectada con la fuente de la vida es una vida en constante transformación, y tarde o temprano, será una vida de influencia. Y así como la influencia de alguien marco tu vida, ahora derribando los muros por medio de una relación con Dios se logrará transformar nuestra propia vida, y si logramos transformar nuestra propia vida, sin duda alguna seremos influencia para la restauración de la vida de muchos; así aportando cada uno un poco podemos soñar con un mundo mejor.
Me Enfocaré en hablar de tres aspectos. Uno es conectarse con Dios, es decir establecer una relación con Dios. Lo segundo es transformar, compartiendo aspectos de cómo crecer como personas y por último de influencia, que para mí es liderazgo de servicio.
Vamos a ver cómo nos va con este intento de aportar a cada persona en estos aspectos. Cuento con su ayuda y sus sugerencias.
César Fajardo.
